La Ley de Murphy

La Ley de Murphy
Eloy M. Cebrián

viernes, 5 de agosto de 2016

Reválidas


A pesar de lo poco propicias que son estas fechas para abordar cuestiones medianamente serias, se está oyendo hablar mucho sobre la implantación para el próximo curso de las reválidas de ESO y Bachillerato. Con un PP crecido en la adversidad, parece que el cumplimiento de la LOMCE no admite más demora, lo que ha provocado una tímida rebeldía en algunas de las comunidades gobernadas por el PSOE. Se argumenta que las reválidas ponen en tela de juicio el progreso de los alumnos durante toda una etapa educativa, puesto que los chicos deberán jugarse a un solo examen la titulación que hasta ahora recibían por el hecho de aprobar los cursos correspondientes. También se habla de que el sistema introducirá intereses económicos (los de las academias) en una cuestión que debería ser puramente educativa, pues serán mucho los estudiantes que tendrán que recurrir a clases particulares para poder revalidar su título en septiembre. Los detractores afirman, además, que las reválidas desprestigian la labor del profesorado al restarle valor a la evaluación que se realiza en los centros. De lo que no se habla es de esos alumnos que dejan los institutos públicos para ingresar en colegios privados, donde los padres que pueden permitírselo buscan asegurarse el aprobado o las buenas calificaciones de sus hijos. Quizás las reválidas que se avecinan sirvan al menos para poner en evidencia el auténtico valor de esas calificaciones obtenidas «a golpe de talonario» (no faltan ejemplos cercanos). Dudo que el sistema que prevé la LOMCE sea el idóneo, pero estoy convencido de que es necesario un procedimiento que modere las calificaciones y actúe como piedra de toque, separando la evaluación honesta y veraz de la que no lo es. Otra cosa sería perpetuarnos en la injusticia y en la arbitrariedad. Y en la enseñanza ya andamos más que sobrados de ambas.

Publicado en La Tribuna de Albacete el 5/8/2016