La Ley de Murphy

La Ley de Murphy
Eloy M. Cebrián

viernes, 12 de diciembre de 2008

Canciones



Hace unos días supimos de la muerte del cantautor catalán Joan Baptista Humet, muy popular a finales de los setenta, y fue como si de repente se abriera ventana a nuestro pasado. Por paradójico que pueda parecer, internet y las nuevas tecnologías nos permiten darle a esa ventana un sentido mucho más que metafórico. Si uno quiere reencontrarse con el niño que fue, nada como darse una vuelta por Youtube y organizarse una sesión de aquellas series televisivas de la infancia (El fugitivo, Viaje al fondo del mar, Pippi Calzaslargas, etcétera). Con permiso de la SGAE, también los programas de intercambio de ficheros son útiles para emprender regresiones temporales. En un arrebato de nostalgia sufrido recientemente, me dio por confeccionarme una recopilación de canciones de mi infancia y mi primera adolescencia. Dos composiciones del mencionado Humet (q.e.p.d.) figuraban entre las escogidas. En cuanto a los intérpretes extranjeros, en este hit parade particular ocupaban un puesto de honor los italianos, sobre todo los que cantaban aquellas canciones guarrindongas que a los españolitos de la transición nos ponían como motos. Me refiero a Sandro Giacobbe, a quien muchos le debemos más de un filete por obra y gracia de El jardín prohibido. Y con él, naturalmente, a Gianni Bella, Umberto Tozzi y Claudio Baglioni. Aunque no perdamos de vista a algunos intérpretes autóctonos que también se las ingeniaban para subirnos la temperatura algún que otro grado. «Acuéstate, disfruta tu libertad», cantaban Ana y Johnny para nuestro pasmo y regocijo. «Yo bajé la cremallera de tu vestido», decía Pablo Abraira, y todos nos imaginábamos en un trance parecido. Esto último estaba en Gavilán o paloma. Por cierto, que al repasar otra de aquellas calentorras composiciones de Pablo Abraira me llevé una sorpresa mayúscula. Me refiero a O tú o nada. Me he pasado unos 30 años convencido de que la letra de la canción decía «amada mía, tú serás, mi gran amor, mi niña mimada», y al volver a escucharla me encontré con que lo que dice en realidad es «amada mía, ADÚLTERA». Quién lo iba a sospechar de un cantante de los años setenta. Entusiasmado con mi descubrimiento, se lo conté a un amigo al día siguiente. Pues bien, mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrí que mi amigo no sólo había entendido siempre lo mismo que yo, sino que se negaba a que lo sacaran de su error. Hasta puede que, en nuestra ingenuidad, toda una generación de españoles hayamos borrado el espinoso tema del adulterio de la canción de Abraira. Tal vez sean cosas de nuestra educación tradicional y católica. O quizás una mala pasada del inconsciente colectivo. Una cuestión fascinante, en cualquier caso.
Investigando un poco en el asunto, he descubierto que no es tan raro esto de malinterpretar las letras de las canciones y suplir con la imaginación la parte que falta. Ni siquiera es algo exclusivo de nuestro idioma. En el orbe musical anglosajón es de lo más normal. De hecho, existen recopilaciones enciclopédicas de esta tontería. La más célebre de todas está en internet, por supuesto, en la dirección www.kissthisguy.com, y en ella podemos encontrar ejemplos tan divertidos como el de la famosa canción de los Beatles Strawberry Fields Forever. Hay una parte de la letra que reza «living is easy with eyes closed» («es fácil vivir con los ojos cerrados»). Pues bien, muchos fans de mente calenturienta se pasaron años convencidos de que lo que John Lennon cantaba era «living is easy without clothes» («es fácil vivir en pelotas»). En un tema del grupo Creedence Clearwater Revival se canta «there’s a bad moon on the rise» («la malvada luna asciende»), aunque lo que parecen decir es «there’s a bathroom on the right» («el váter está a la derecha»).
Estos fragmentos interpretados creativamente han recibido el nombre de mondegreens. Su variedad más exótica es el mondegreen transnacional, y me refiero a esas canciones en una lengua extranjera en las que creemos identificar frases absurdas en nuestro propio idioma. En su programa de radio, el presentador Pablo Motos hizo una magnífica recopilación de estos mensajes misteriosos en perfecto castellano, que el llamó «tenientes». La sección llevaba por título El momento teniente, y gracias a ella supimos que en la canción Money for Nothing, Mark Knopfler decía claramente «Baby, quiero queso roñoso». Y también que en una tema de la Electric Light Orchestra, Jeff Lynne se quejaba del siguiente modo: «¡En tu huerto no hay tomates!».
Todo esto resultaría cómico si no fuera una prueba más del escaso entusiasmo que despierta en este país el estudio de las lenguas extranjeras, lo que no quiere decir que no nos haya entusiasmado siempre la música anglosajona. En mi generación nos las arreglábamos estupendamente para corear las canciones sin entender ni papa de lo que decían. Aquella que cantaban John Travolta y Olivia Newton-John en Grease era una de nuestras favoritas. «Arcanchú dermortifraien, andabrú sensorráun», berreábamos muertos de risa. Ni siquiera nos hacía falta encontrar «tenientes» para pasarlo en grande. Y claro, entre esto y Pablo Abraira, así hemos acabado.

Aparecido en La Tribuna de Albacete el 12/12/2008

3 comentarios:

https://www.youtube.com/watch?v=0dg3TKb6L4I dijo...

Yo creo que hay 2 versiones,una primera que dice Amada mia adultera y otra mas reciente que dice amada mia tu seras,de hecho existe un video de hace poco tiempo en la que Pablo interpreta Amada mia tu serashttps://www.youtube.com/watch?v=0dg3TKb6L4I

Anónimo dijo...

Esta es la versión original en donde dice Amada mia adulterahttps://www.youtube.com/watch?v=m5NMf2QOc8A

Manuel CE dijo...

sí, si¡on dos versiones.