La Ley de Murphy

La Ley de Murphy
Eloy M. Cebrián

lunes, 10 de febrero de 2014

Oh beautiful America




En el partido final de la liga de fútbol americano (la Superbowl, vamos) ha causado un gran revuelo el anuncio de Coca-Cola. Parece que en ese gran espectáculo televisivo el deporte es lo de menos, y lo que realmente atrae a los televidentes es el morbo de quién va a dar la nota este vez, ya sea en los anuncios o en las actuaciones musicales. A título de ejemplo, el anuncio de Pepsi de 2011 mostraba a una pareja en la que el hombre era sistemáticamente sojuzgado por su esposa, y terminaba con una chica herida por el impacto de una lata del refresco arrojada por la susodicha. Todo un canto a la misoginia. En 2004, Justin Timberlake descubría el pecho derecho de Janet Jason (con el pezón tapado, eso sí) y se armaba también la de San Quintín. Es como si no se concibiera una Superbowl sin escándalo, ya que es lo que los anunciantes persiguen y lo que el público espera. Y no solamente el público norteamericano, porque las cosas de allí resuenan en todas partes. Especialmente ahora, con ese mentidero global que son las redes sociales echando humo a la menor idiotez. Pero volvamos a la cuestión del anuncio de Coca-Cola, pues creo que de ahí podemos extraer algunas conclusiones interesantes.
El spot comienza como uno de esos antiguos anuncios de Marlboro, con la consabida imagen del cowboy que recorre a caballo los bosques de algún paraje del salvaje Oeste. Luego vemos montañas y lagos. Pero el resto de las imágenes nos muestran a personas, gente de todas las razas, etnias y minorías habidas y por haber. Vemos a negros, asiáticos, judíos, musulmanes, latinos… Pero aún es más significativo el fondo musical del anuncio, en el que una voz femenina interpreta America, The Beautiful, que viene a ser el himno extraoficial de los EE UU, el que nunca falta junto al Star Spangled Banner en cualquier ceremonia a la que se quiera dar un aire patriótico, algo que allí es muy común aunque por aquí resulte un poco ridículo. Si recuerdan la toma de posesión de Obama, fue Beyoncé la que se encargó de interpretar la cancioncita, cuyo estribillo dice algo así como “¡América! ¡América! Que Dios derrame su gracia sobre ti y corone tu bondad con hermandad, desde el mar al radiante océano”. En fin, una especie de mezcla entre la grandilocuencia patriotera del Cara al sol y la gazmoñería santurrona del Venid y vamos todos.
Se preguntarán dónde está el escándalo, pues todo lo dicho hasta ahora suena normal para los estándares de allá y muy correcto políticamente. Verán, resulta que me he guardado un par de ases en la manga. El primero es que el himno no estaba cantado en inglés. Solamente la primera y última frase eran las originales. El resto estaba interpretado en varios idiomas de los que se suelen relacionar con minorías étnicas en aquella nación: hindú, árabe, tagalo y hasta español. Por otro lado, durante unos segundos la imagen nos muestra una pareja gay (¡e interracial!) que lleva a su hija a patinar sobre hielo. La intención del anuncio era dar una imagen de los EE UU como una nación abierta a todos los pueblos del mundo, un paraíso multirracial y multicultural, con armonía, libertad y justicia para todos. “¡Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres, a vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad”, se lee en el pedestal de la Estatua de la Libertad, precisamente el espíritu que se quiso transmitir en el anuncio de Coca-Cola de la Superbowl.
Pero las cosas no son ya lo que fueron, o quizás nunca lo hayan sido, pues lo cierto es que el supuesto mensaje de concordia, tolerancia y fraternidad sentó como un tiro en ciertos sectores de la sociedad norteamericana. Los hubo que exigieron que se hablara en inglés y los que, irónicamente, dieron las gracias a la compañía Coca-Cola por mancillar su himno nacional. Incluso surgieron voces que llamaron a un boicot contra la empresa por semejante infamia. Nadie duda de que los cabestros proliferan por todas partes. Cierto amigo mío norteamericano afirma que solamente en el estado de Tejas hay más paletos que en toda la Unión Europea, lo que resulta muy difícil de demostrar, pero no deja de resultar interesante al ser la opinión de un nativo. Pero vayamos sacando conclusiones. ¿Qué es lo que evidencia esta ola de protestas y ataques contra un anuncio que únicamente pretende actualizar el mensaje de la canción América, la hermosa? Sencillamente que el resultado conseguido ha sido el opuesto del que se pretendía. No en vano el anuncio ha sacado a relucir la cara más fea de los Estados Unidos, la de la intolerancia, la del racismo, la del odio y el miedo hacia lo extranjero (especialmente si es de piel oscura y además musulmán). La cara del Tea Party, de la Asociación Nacional del Rifle, la del republicanismo más exacerbado. Pero hay algo que aún me preocupa más, porque los EE UU no dejan de ser una gran caja de resonancia, y cuando América estornuda el mundo entero sufre una pulmonía. Y si allí los conservadores sacan pecho, aquí tenemos a Gallardón y sus leyes trasnochadas, y los recortes en protección a los más desfavorecidos, sanidad y educación, y la injusticia social galopante. Quizás no sea descabellado establecer correlaciones entre lo que ocurre en ambas orillas del Atlántico. Quizás todo el mundo occidental, con los EE UU como abanderado, esté experimentado una regresión hacia situaciones que creíamos superadas para siempre. Quizás.

Publicado en La Tribuna de Albacete el 7/2/2014

1 comentario:

Ricardo Lopez dijo...

EE.UU. es un país en el que entre otras cosas las élites intelectuales y económicas provienen en un 90% de las Ivy League, en las que el coste medio de las carreras viene a ser de unos 50.000 USD, donde los sistemas asistenciales como Medicare o Medicaid son inferiores a los sistemas europeos, donde el índice Gini de la renta es muy superior al del peor de loa países europeos y que tiene el dudoso honor de mantener la pena de muerte no puede ser el espejo de Europa en términos de igualdad o tolerancia, ni antes ni ahora.

Afortunadamente, Europa ha seguido su propio camino en ese sentido. Y esperemos que siga haciéndolo.