La Ley de Murphy

La Ley de Murphy
Eloy M. Cebrián

viernes, 8 de noviembre de 2013

Bicicletas


Raro es el ayuntamiento que no lanza de vez en cuando su campaña para fomentar el uso de la bici. Son campañas progres que visten mucho y comprometen a poco. Pero los ciclistas se siguen quejando de la falta de carriles bici, de que los pocos que se habilitan son invadidos por coches mal aparcados y peatones, de que los conductores los acoquinan y los viandantes los insultan, y de otras muchas calamidades inherentes al uso de las dos ruedas en un país como el nuestro, que se las da de moderno pero sigue teniendo un alma un tanto cafre, para qué nos vamos a engañar.
Creo que casi todos hemos intentado en su momento ir en bici. Yo también me compré la mía, pero pasaba tanto miedo montado en ella que acabé condenándola al trastero. Más tarde me la llevé al pueblo, pero las cuestas me agotaban de tal modo que la sepulté en las profundidades de la cochera, donde supongo que todavía languidece esperando a un dueño más animoso. Por mi escasa experiencia de ciclista, coincido en que nuestras ciudades (nuestra ciudad, en concreto) no está pensada para el uso de este ecológico y cardiosaludable medio de transporte. También es cierto que muchos conductores miden su virilidad en caballos de potencia y van avasallando a diestro y siniestro, alardeando a partes iguales de mala leche y desprecio por las normas de tráfico. Ahora bien, creo que el colectivo ciclista haría bien en realizar un examen de conciencia, porque muchos comportamientos al manillar no son precisamente un ejemplo de civismo y de respeto al código de la circulación, y antes de levantar la voz conviene tener los deberes acabados y la conciencia tranquila.
En esencia, un ciclista es un ciudadano que sufre una curiosa disociación: hay veces que se cree peatón y otras que se cree conductor, mutación que puede llegar a experimentar varias veces en un mismo trayecto según las condiciones de la vía o simplemente por capricho. Muchos ciclistas (y no necesariamente los más jóvenes) alternan la calzada con la acera según les conviene, por ejemplo cuando el tráfico es denso, los coches están detenidos o se encuentran de cara una señal de dirección prohibida. Aunque hay una reforma a la vuelta de la esquina, de momento ni el código general vigente ni nuestras ordenanzas municipales permiten a un ciclista circular por la acera siempre que exista una calzada transitable. Sí que están autorizados a hacerlo en zonas peatonales, cosa que muchos viandantes ignoran. Sin embargo, las normas hacen hincapié en que deben circular extremando la precaución y a una velocidad muy moderada, así como bajarse de la bici si la densidad de peatones así lo aconseja.
No sé cuál será su experiencia al respecto, pero yo he sido rebasado muchas veces por ciclistas cuando caminaba por aceras y calles peatonales. He visto pasar las bicis como una exhalación a centímetros de mis tiernas carnes de viandante de mediana edad, y acto seguido me he preguntado que habría pasado si un instante antes me hubiera dado por cambiar de dirección o por alterar mínimamente mi trayectoria. En esos casos me veo a mí mismo como esos vejetes que levantan su bastón y lanzan imprecaciones contra las madres de los ciclistas temerarios. Y no es para menos. Otras veces veo cómo se aproximan de frente, sorteando vertiginosamente a peatones de todas las edades (ancianos, niños, madres con carritos) como si se trataran de los obstáculos de un enloquecido videojuego. Dudo mucho que cuando las autoridades municipales recomiendan el uso de la bici se refieran a esto.
Pero no queda aquí la cosa, porque falta hablar del comportamiento de numerosos ciclistas por las calzadas de la ciudad. Antes mencioné que los usuarios de la bici alternan los roles de conductor y de peatón a capricho. El problema es que a veces se creen en un territorio intermedio donde parecen no existir las normas que rigen para unos y para los otros. ¿Cuántas veces hemos visto a un ciclista saltarse un disco rojo, como si los semáforos no existieran para ellos? ¿Y qué me dicen de esa imagen cotidiana del ciclista circulando en dirección prohibida, a veces por calles estrechas, con total desprecio por su seguridad y la de los demás?

Hace poco se difundió la noticia de que en ciertas regiones de España (ejem, en Cataluña) hay ciclistas que están equipando sus bicis con cámaras para grabar los abusos e infracciones de los conductores. Luego les entregan los vídeos a los mossos para que multen a ese conductor que no ha respetado la preferencia o los ha adelantado pisando una línea continua. El tufillo acusica (por no decir fascistoide) de semejante proceder me parece más que despreciable. ¿Qué pasaría si grabáramos con nuestros móviles a todo ciclista que se salte a la torera una norma de la circulación? ¿Cómo les sentaría, con lo diligentes que son ellos para denunciar agravios? ¿Eh?

Publicado en La Tribuna de Albacete el 8/11/2013

4 comentarios:

Eloy M. Cebrian dijo...

Copio aquí la respuesta de un lector que me han remitido desde el periódico. Creo que es lo justo:

Muy Sr. Mio:

Tiene razon en muchas cosas de las que comenta en ese articulo, pero discrepo con usted en otras muchas.

Albacete si que es una ciudad para utilizar la bici como medio de transporte ecologico, saludable. etc.

El problema a lo que vd. expone es la falta de normativas eficaces y controladas por la autoridad, así como la infraestuctura para que la bici sea considerada como un vehículo mas, tanto en la calzada, carriles bici y carreteras.

Al no conocerse esa normativa a la que alude, muchos campan a sus anchas y se saltan a la torera lo habido y por haber…pero donde está la policia municipal? Precisamente en esta semana vi a dos policias en moto en la calle Juan Sebastián el Cano parados en la calle y por sus narices pasó un ciclista llevando a otro chico sentado en el manillar y no hicieron absolutamente nada, ademas se saltó el semáforo en rojo y yo observé la situación.

Si hubiera presencia policial y educación vial muchas cosas de esta no pasarian, repito EDUCACION.

No hay esa presencia policial ni con los vehículos de 4 o mas ruedas y por eso tambien se saltan los semáforos en rojo, no ceden el paso a peatones en los pasos de cebra, se meten por direcciones prohibidas, aparcan o paran en lugares prohibidos y si les dices algo…tambien “te hechan las uñas al cuello”…en fin, un sinfín de casos.

Y de los peatones no digamos…cruzan por donde quieren, con semáforo o sin el, se paran en grupo taponando el paso y no dejando a los demas seguir…otra vez un sin fin…

Lo de los ciclistas catalanes, lo veo bien, seguramente lo hacen por que se han visto en situaciones criticas muchas veces y no quieren verse debajo de un coche o un camion…

Soy ciclista deportivo y “civil”, peaton y conductor…y yo si respeto las normas de circulación y veo todas estas faltas todos los dias y hasta he estado en peligro muchas veces por todo ello, pero por eso no dejo de seguir mi camino.

Lo que falta tambien es civismo y valores en todos los ambitos, se han perdido por una falta de educación general tanto en casa como en el colegio desde temprana edad y eso repercute en toda la sociedad.

Por lo tanto, en parte, no todo es culpa de los ciclistas y la verdad…ofende a un colectivo que en su mayoria lo que hacen con el uso de la bicicleta es beneficiar al resto de ciudadanos al contaminar menos, reducen el numero de coches en circulación y aumentan las plazas de aparcamiento al cambiar una bici por el uso del coche particular.

Por otra parte, siento que haya dejado la bicicleta…no sabe usted lo que se pierde.


Fdo.: Jose Serrano Gonzalez.

Unknown dijo...

Eloy, estaba dudando si callarme la boca ó no... Pero como anticipo que los escritores valoráis cuando vuestro trabajo crea conversación (y hasta polémica, como muy bien adviertes), pues aquí te suelto mi modesta opinión:

Aunque tu artículo está muy bien escrito y expones de manera muy amena un tópico de actualidad (decenas de miles de bicicletas van ofreciéndose más y más en todas la ciudades del mundo como alternativa de transporte público), tu posición me parece radicalizada en un punto de vista extremo, la del "conductor intolerante", que me parece similar al que se queja por tener que ceder los primeros asientos a los ancianos y las embarazadas, el que se molesta por aparcamientos reservados a minusválidos, ó el que se enoja de los llantos de bebé en un sitio público.

Me explico: Los ciclistas están haciéndonos a todos un favor, al ser los únicos con las ganas suficientes en no contribuir al ya demostrado daño a la tierra que hacemos con los coches (puedes reciclar plásticos todo lo que quieras, pero el no utilizar un motor de gasóleo supera cualquier otro esfuerzo por un factor exponencial en cuanto al impacto de carbonos). Cómo bien recuerdas tú con las propias frustradas esperiencias, este esfuerzo es uno que no viene fácil. Es agotante, inconveniente y hasta peligroso.

Al igual que hay que ofrecer un poco de resignación y tolerancia cívica mientras se reduce el nivel de inconvenientes a las personas que traen vidas al mundo ó a los que ya han dado toda la suya a este... Igualmente se debería de hacer por los que dan años de vida al mundo mismo. Sí, es verdad que se saltan algunas leyes y normas a la torera, pero cuando lo hace un conductor de coche, mata a un prójimo, cuando lo hace un ciclista, le dá un sobresalto.

Si, vete a las estadísticas, y mira el coste de vidas anuales robadas por los coches, luego haz lo mismo con los ciclistas.

Luego mira el nivel de toneladas de dióxido de carbono (más el impacto de factorías, transporte de materiales, gasóleo, autopistas, atascos, accidentes mayúsculos, etc.) que los automovilistas aportan al medio ambiente y la calidad de vida de Albacete, y luego compáralo con el de ciclistas... Luego por favor dime quién merece un pelín de tolerancia, quien merece hasta un aplauso y quien, a fin de tanta cuenta, merece ser menos egoísta ante cualquier conflicto de intereses.

Madres, abuelos y ciclistas. Todos merecen más crédito, apoyo y tolerancia de lo que hacemos. A ver si en un futuro artículo puedes verlo desde el otro lado.

¡Gracias por el estímulo intelectual está mañana!

Un abrazo,

David

Eloy M. Cebrian dijo...

Por las respuestas que leo aquí y las que han enviado al periódico, observo que al victimismo los ciclistas y sus partidarios añaden cierta dosis de mesianismo. Ellos, gracias a su sacrificio, hacen el mundo más habitable, y por lo tanto se les deben perdonar los mil desmanes que comenten. Yo opino que quien usa la bici es porque le resulta más cómodo, y no para legarle un mundo mejor a mí y a mis hijos. Puestos a agradecerles, yo casi les agradecería más que usaran el transporte público o que se desplazaran a pie, como yo hago (y no le pido gratitud a nadie por ello). Me parece fantástico que la gente opte por la bicicleta. Yo mismo lo haría si no me pareciera tan peligroso. Lo que no tolero es la imprudencia y la impunidad. Ayer mismo a mis padres, que son octogenarios, estuvo a punto de arrollarlos un ciclista en la mismísima puerta de su casa. Naturalmente, el tipo iba por la acera. Lo que me pregunto es qué habría ocurrido en caso de accidente. ¿Qué seguro pagaría? ¿Cómo habría podido identificarse al fulano si le hubiera dado por huir? Lo siento, no me considero un intolerante por criticar una situación que es claramente un desmadre. Y tampoco creo que le deba ninguna gratitud a los ciclistas. China está llena de ciclistas y es el país que más contamina del mundo. En cuanto a las estadísticas de atropellos, estoy seguro de que los muertos por atropellos de vehículos de motor son mucho más numerosos. La diferencia es que un coche no te suele llevar por delante en una acera o en una zona peatonal.

Ricardo Lopez dijo...

Pues vaya mi voto en favor del articulista.

Vivo enfrente del Retiro madrileño y veo con absoluto pavor cómo muchos ciclistas manejan sus bicicletas (de los patinadores, skateborders y demás fauna de circulación irregulada supongo que hablaremos en otra ocasión).

Sistemáticamente tengo esa misma sensación: qué hubiera pasado si en ese momento hubiera girado súbitamente a un lado, o mucho más grave, si lo hubiera hecho mi hija de 4 años, cuyo comportamiento es bastante más impredecible que el mío.

Y que conste que yo sí soy partidario y usuario de la bicicleta: la zona en la que vivo es relativamente favorable para su uso, y de hecho manejo con cierta frecuencia una de esas Brompton urbanitas. Pero al César lo que es del César.

Y no, no es una postura intolerante. Una amiga y vecina mía sufrió una conmoción y pasó tres días en el hospital porque fue arrollada por un tipo de éstos, que se dio a la fuga acto seguido zigzaguenado entre la gente.