
sábado, 31 de marzo de 2007
La Casa Honor
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Recopilación de los artículos del escritor Eloy M. Cebrián. Web personal: http://www.eloymcebrian.com
15 comentarios:
Eloy, nacimos el mismo año, somos hijos de maestros de pueblo, estudiamos en la Universidad de Valencia y hemos acabado de profesores de Instituto. Tanta vida paralela tenía que coincidir también, cómo no, en la aventura de la Casa Honor... En mi caso, lo que me pudo fue mi incipiente curiosidad zoológica: sí, lo confieso, yo también me hice con los Sea Monkeys. Ahora sé que eran huevos de Daphnia (vulgarmente conocidas como "pulgas de agua"). No eran bichejos inmundos: a mí me parecieron más fascinantes que los monos prometidos. En esto no hay paralelismo.
Me ha encantado tu artículo.
(Y ya le estoy dando cuerpo a mi relato al-basitiense).
Gracias por tus comentario sobre mi artículo, Antonio. En cuanto a los bichejos en cuestión, creo que tu condición de profe de Ciencias Naturales ha fomentado en ti actitudes un tanto franciscanas. Yo aquellos bichos los recuerdo como renacuajos escuchimizados. El calificativo de "fascinantes" tal vez les quede un poco grande. Lo de "pulgas de agua" está mejor. Un abrazo. Y ponte las pilas que el amigo Yorick se impacienta.
Por cierto, aquí va un enlace con cierta web en la que aparece una prueba irrefutable de que los Sea Monkeys humanoides si existieron, lo que ocurre es que se han extinguido, aunque se conservan restos fósiles conservados en ámbar. El resto de la web tampoco tiene desperdicio. "I want to believe".
http://www.worth1000.com/cache/gallery/contestcache.asp?contest_id=3747&display=photoshop
A mí me quedan un poco lejanos esos cachivaches, pero sólo con leer el artículo se les ve un punto fascinante (quizás por esa falsa pretenciosidad no disimulada): me parecen dignos de un libro de Perec.
Ah, y gracias por el enlace Eloy, es todo un honor :)
Hola,
yo tenía un amigo que también compraba compulsivamente todo este tipo de aparatos, lo que me iba de perlas pues de otro modo los hubiera comprado yo, pese a sus multiples decepciones. Recuerdo especialmente, además de los clásicos que tu comentas, un traductor automático multilingüe, que por el dibujo que lo anunciaba podías creer que era el equivalente al chisme que llevan en la oreja los de Star Trek, o el pez del Autoestopista galáctico, pero que finalmente resultaba ser un abanico de cartulinas tamaño naipe, con expresiones en varios idiomas, y una agujero en uno de los lados para poder abrir y cerrar "automáticamente", el abanico en cuestión.
Pienso que lejos de prohibir la publicidad engañosa, debería fomentarse, especialmente la dirigida a los niños. Así aprenderían.
Saludos,
Jordi Cebrián
P.S. Creo que el tema me ha dado la idea para un cuento. Podreis encontrarlo en www.cienpalabras.com
Aunque este articulo fue escrito hace tiempo , acabo de leerlo. Curiosidades de la web. No puedo pasar sin hacer un comentario, porque yo fui otro de los entusiastas de los "articulos maravilla" de la casa honor. Mi madre me prohibio definitivamente hacer mas pedidos de cachivaches inutiles la mayoria de las veces, pero emocionantes desde el anuncio hasta la recepcion, momento en el que la mayoria de las veces eran tan decepcionantes como tu los describes. He pasado un rato estupendo leyendo tu articulo y recordando viejos tiempos. En realidad estaba buscando en la web aquellas pastillas de la casa Honor para disminuir el consumo de combustible, de las qeu acabo de acordarme, y tecleé "casa Honor", apareciendo directamente en tu articulo. En fin, mi agradecimiento por tan fiel recordatorio.
Pues muchas gracias, Pepe. Encantado de que mi artículo haya servido para abrir brevemente el baúl de tu memoria. Siempre es agradable que lo que uno escribe le haga a alguien pasar un buen rato. ¿Para qué si no escribimos? Un abrazo.
Hola Eloy: Quería darte las gracias por este artículo sobre los catálogos de la casa HONOR. La verdad es que yo también crecí leyéndolos (se los enviaban a mi padre) pero era yo quien los guardaba y los leía cientos de veces. Me preguntaba si no conservarás tú alguno de esos catálogos. Yo lamentablemente los perdí en un incendio pero me haría una ilusión tremenda el poder volver a ver alguno aunque sea escaneado. Por internet tampoco he tenido mucha suerte de ver ninguno, parece habérselos tragado la tierra... Muchas gracias.
Pues ya me gustaría, pero no conservo ningún catálogo de La Casa Honor. ¿Quién iba a decir que llegaría un día en que los consideraríamos un símbolo de la infancia perdida?
Yo, por falta de disponibilidad presupuestaria nunca pude hacer ningún pedido pero hubiese picado con los monos porque me tenían obsesionado. Hace un tiempo encontré un catalogo completo en un basurero, (si, soy un fan de la basura), supongo que no me quedará más remedio que escanearlo...
Actualizando mi C.V. me ha dado por buscar la famosa Casa Honor en la que trabajé varios meses a principios de los 80, antes de irme a la mili, y he topado con tu página. Los artículos eran de ínfima calidad y durante el tiempo que estuve encargado de las devoluciones leí muchas cartas indignadas, entonces apenas se oía hablar de los derechos de los consumidores. Sólo añadiré que tenían varios nombres registrados que ahora no recuerdo y que iban cambiándose a medida que eran denunciados. Recuerdo una estantería de "Material Corrugado". Era cartón. Un saludo
Hola.
Yo también era una fan absoluta de estos catálogos! Nunca llegué a comprarme nada pero pasaba horas mirando los anuncios y aquellas ilustraciones que desbocaban mi imaginación. Durante años pedí a los Reyes Magos la Casa de Muñecas gigante con agua,luz e invernadero de verdad! pero jamás me la trajeron,así que no sólo no llegué a sufrir la desilusión del siglo, sino que crecí "traumatizada" por no haber visto mi deseo concedido jjj
Hoy, buscando alguna foto de aquella casa en la web, encontré tu artículo que me transportó a mi infancia. Disfruté mucho leyéndolo, y por eso me llevé una sorpresa cuando al rato encuentro tu artículo plagiado. Me ha dado vergüenza ajena, la verdad... es más, la autora (una periodista de intereconomía) prácticamente ni se ha molestado en cambiar las palabras que tu utilizas. En fín...
Aquí te dejo el enlace.
http://www.intereconomia.com/programa/color-tarde/casa-honor-20110527
Un saludo y gracias por despertar mi nostalgia con tu artículo!
Muchas gracias por el aviso, Elena. No es que tenga mucha importancia, pero conviene denunciar estas cosas para que no cunda el ejemplo de aprovecharse del esfuerzo ajeno.
Sigo este hilo después de tantos años.
Yo sí fui una afortunada que disfrutó la casa de muñecas gigante de casa Honor, Elena. “Se juega dentro”, rezaba la leyenda del anuncio. Nos la trajeron los Reyes Magos en casa de mi abuela, que era quien recibía y compraba los artículos de la revistita en cuestión.
Y sí, ciertamente, al principio, fue decepcionante. Lo de “completamente amueblada” se quedaba en cuatro sillitas rojas y una mesa verde de plástico. La cacareada luz eléctrica brillaba por su ausencia, el invernadero no tenía semillas… pero lo que sí era cierto es que era muy grande. Estaba hecha en cartón y se abría en dos por un lado, a modo de caja.. Mi hermana y yo, efectivamente, nos poníamos a jugar dentro. Mi madre, con infinita paciencia y retales de tela, nos fue haciendo las cortinas para las ventanas, colchas para camitas, alfombras… Con tapones de distintos tamaños y formas hicimos sillas, mesas. ..y hasta macetas. Todo fue con nuestra imaginación y nuestras manos. La casa de muñecas gigante se convirtió en el juguete estrella de nuestra infancia. Mi hermana y yo éramos la envidia de nuestras amigas y todas querían venir “a jugar con la casita”.
¡Cómo no recordar con nostalgia aquel juguete que nos hizo tan felices, aunque en absoluto respondiera a la realidad del anuncio!
Yo, hace algunos años, intenté buscar para mi hija una casita de muñecas igual y no encontré nada ni remotamente parecido. Casas de muñecas, sí, más bonitas, de madera, victorianas, carísimas…. Pero una casita gigante y tan mágica como nuestra casita de Casa Honor, no.
Para mí, por mucho que la empresa vendiera productos milagro y artículos curiosos falsos como ellos solos (y recuerdo unos cuantos), es el símbolo de unos años todavía pacatos en España, pero donde con mucho menos teníamos más, teníamos nuestra imaginación y éramos más felices que ahora.
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