La Ley de Murphy

La Ley de Murphy
Eloy M. Cebrián

viernes, 16 de septiembre de 2016

Virgencica, virgencica


Cada vez que empieza un nuevo curso los profesores entonamos aquello de «¡Virgencica, Virgencica, que me quede como estoy!». Como punto de partida, la plegaria no puede ser más deprimente, pues encierra el reconocimiento de una derrota y la resignación a que todo siga igual. Hubo un cierto atisbo de esperanza en el 2015, cuando las últimas elecciones autonómicas enviaron a Cospedal a la oposición. Sin embargo, lo que llevamos visto hasta ahora nos ha demostrado que el gobierno de Page no solo no se da por satisfecho con los desmanes de sus predecesores en forma de recortes y ataques a la enseñanza pública, sino que tiene preparado todo un arsenal para completar el trabajo de zapa y demolición emprendido por el PP. Plantillas diezmadas hasta lo imposible, alumnos que se multiplican en la aulas, economía de subsistencia en los centros, paro, precariedad, pérdida de derechos… Mientras tanto, una ley perniciosa y regresiva como la LOMCE continúa su imparable avance cual Godzilla a la española, creando guetos educativos y hundiendo al docente en una ciénaga de burocracia y rutina. Y la Administración se obstina en el sinsentido de los «programas lingüístico», lo que supone el descalabro definitivo para el aprendizaje de idiomas en este país, y de paso para el progreso de esos alumnos atrapados en el Babel de la enseñanza bilingüe con la bienintencionada complicidad de sus progenitores. Los profesores y maestros asistimos a todo ello resignados, inermes y sin decir ni pío, abrumados por los informes PISA y por una opinión pública adversa que ha convertido a los docentes en chivos expiatorios de todo lo que funciona mal en la educación de nuestro país («que se quejen menos y que trabajen más»). Un nuevo curso, en fin. «Virgencica, Virgencica, que me quede como estoy, pero casi mejor si me jubilan».

Publicado en La Tribuna de Albacete el 16/9/2016

2 comentarios:

MIGUEL GARVI SANCHEZ dijo...

Magnífico. Sin ser docente, en una ocasión le dije a un docente que ibais a echar de menos a Marcial Marín, se enfadó conmigo. Cada vez estoy más convencido de que no me equivoqué.

Eloy M. Cebrian dijo...

Muchas gracias, Miguel. Pero te equivocas. A Marcial Marín nunca (insisto, NUNCA) lo vamos a echar de menos. Un abrazo.