La Ley de Murphy

La Ley de Murphy
Eloy M. Cebrián

domingo, 20 de septiembre de 2015

El niño ahogado


Dudo que a estas alturas alguien no haya visto la fotografía de ese niño sirio ahogado en la playa turca. El pequeño cuerpo boca abajo sobre la arena, con los pantaloncitos azules y la camiseta roja. Tiene exactamente el mismo aspecto que cualquier de los críos que dentro de unos días empezarán su primer día de colegio. Su apariencia es tan normal, tal idéntica a la de cualquiera de nuestros niños, que al ver la foto casi esperamos que todo sea una broma, que el niño se levante de pronto y nos diga que se había tumbado boca abajo sobre la arena para engañarnos, y luego eche a correr playa adelante en busca de sus padres. Nos cuesta aceptar la muerte del pequeño sirio, porque la famosa imagen contiene una aberración esencial. Ningún niño debe morir así. Jamás. Nunca. Y ello por mucho que sepamos que el mundo es un lugar despiadado, que hay muchos niños que enferman gravemente y que mueren por culpa de accidentes. La diferencia es que el niño sirio de la playa ha muerto por la enfermedad más terrible de todas, que no es otra que la injusticia. Una enfermedad cuya vacuna está a nuestro alcance y al de nuestros gobiernos. La muerte de miles de refugiados ha convertido el Mediterráneo, ese mar en cuyas orillas floreció la civilización y la cultura, en un gran cementerio. Pero ha hecho falta esta imagen terrible para que comprendamos el horror de la tragedia en toda se magnitud. ¿Cuántas fotos más de niños ahogados harán falta para que nos plantemos y digamos basta? ¿Cuánta injusticia más seremos capaces de tolerar antes de comprender que la muerte de ese pequeño nos concierne a todos nosotros?

Publicado en La Tribuna de Albacete el 4/9/2015

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