La Ley de Murphy

La Ley de Murphy
Eloy M. Cebrián

viernes, 4 de abril de 2014

Albacete, siempre


Cuando veo un turista caminando por Albacete siempre pienso que se trata de alguien que se ha perdido. Por eso no deja de sorprenderme el encontrarme con esos grupos que nos visitan los fines de semana, sobre todo los domingos. Cierto es que probablemente se trate de turistas de pocas pretensiones, pero son turistas al fin y al cabo. Sin el aliciente de las compras, ¿qué podemos ofrecerles a esos visitantes salvo calles semivacías y bares iguales a los de todas partes? ¿El museo de la Cuchillería? ¿El pasaje de Lodares? ¡Por favor, seamos imaginativos! Yo mismo he dedicado algunas horas a pensar en ello y tengo una respuesta de la que espero que nuestros responsables municipales tomen buena nota. Se la brindo gratis porque soy así de generoso y patriota.
Propongo organizar un tour turístico en torno a tres núcleos temáticos. El primero de ellos se desarrollaría durante la mañana y su título sería «Experimente en sus propias carnes los horrores de la guerra». La idea es volver la vista hacia el momento histórico más relevante de nuestra ciudad, que no es otro que los años de la guerra civil. El espectáculo arrancaría en el paseo de la Libertad. Como primer evento, propongo disponer a los turistas junto a la verja de la Diputación y hacerles presenciar un desfile de las Brigadas Internacionales, en cuya reconstrucción podrían participar algunos de los numerosos especialistas que languidecen en la Universidad y en el Instituto de Estudios Albacetenses, lo que de paso serviría para darle algún sentido a esta institución. A fin de aumentar la emoción y el dramatismo, hacia el final del desfile tendría lugar un simulacro de bombardeo aéreo, con efectos de luz y sonido y metralla de mentira que justificaría los impactos que pueden observarse en los barrotes de la verja. En ese momento, el guía instaría a los turistas a que echaran a correr en dirección al Altozano, donde buscarían la protección del refugio antiaéreo. Previamente se habrían retirado todos esos pósters tan didácticos como aburridos que se instalaron al convertir en lugar en Centro de Interpretación de la Paz. Una vez amontonados en bancos de madera o sobre el suelo, los turistas vivirían el terror de aquel famoso bombardeo de febrero del 37. Para ello se podría recurrir a ese sensurround que se estila ahora en los cines. Usando sonidos de baja frecuencia y algo de traqueteo mecánico, se lograría que todo el recinto del refugio se sacudiera tras el impacto de cada bomba. Sería también muy efectivo que los turistas sintieran la tierra y los fragmentos del cielorraso cayendo sobre sus cabezas. Incluso un pequeño derrumbamiento controlado podría hacer las delicias de nuestros visitantes, aunque se debería advertir que los aquejados de patologías de corazón se abstuvieran de participar.
Después de la comida llegaría la hora de la Cultura con mayúscula y la oportunidad de mostrar el carácter refinado y cosmopolita de nuestra ciudad. La idea es tan sencilla que no comprendo cómo a nadie se le ha ocurrido antes, y consiste en llevar a los turistas a algún rinconcillo pintoresco del parque y ofrecerles un recital de haikus a cargo de un grupo de los numerosos poetas albaceteños que cultivan esa estrofa de origen japonés (no en vano comienza a hablarse del eje Albacete-Kyoto). Nada mejor que una inmersión en el pensamiento zen, con hojas que caen, ardillas que saltan y fuentes cantarinas, para hacer la digestión de las contundentes viandas que dan justa fama a nuestra gastronomía..
El tercer núcleo temático se desarrollaría por la tarde y podría denominarse «Los misterios de Albacete» o quizás «Un viaje al corazón de las tinieblas». Para oficiar de guía, propongo a uno de esos parapsicólogos u ocultistas aficionados que también abundan por estos pagos. Él se encargaría de guiar a los turistas hasta el punto de la calle Mayor donde antaño se alzó el palacete de aquella marquesa que mutiló el cadáver de su hija, y donde ocurrieron otros sucesos espantosos que quizás incluso involucraran a los extraterrestres del planeta Ummo. Luego los turistas se podrían trasladar a la plaza del periodista Antonio Andújar, donde tantos poltergeist y apariciones (no sé si también marianas) se han registrado. Allí se les podría proyectar el vídeo del programa que Iker Jiménez dedicó al lugar, e incluso invitarles a participar en una sesión de espiritismo o a experimentar una psicofonía («neeeneeee, baaaaja al Cooonsum a compraaaaaar yoguuuuures»). Por último, si los turistas todavía disponen de tiempo, se podría trasladar al grupo al semisótano del instituto Bachiller Sabuco, donde se les mostraría el emplazamiento de la habitación secreta. Unos sencillos efectos a base de humo, luces estroboscópicas y sonidos de ultratumba redondearían el espectáculo.
Y no me queda sino recordarles a los responsables de nuestro turismo que pueden servirse libremente de mis ideas a cambio de que me mencionen en los créditos del folleto (aunque una calle y una placa en mi casa natalicia tampoco estarían de más). Todo por Albacete. Albacete siempre. De nada.

Publicado en La Tribuna de Albacete el 4/3/2013

1 comentario:

Ricardo Lopez dijo...

Interesante propuesta turística, aunque yo tenía entendido que en otras épocas el Alto de la Villa tenía como fin dar acogida a otro tipo de demandas, que no las de refugiarse de los bombardeos.

En cuanto al viaje al corazón de las tinieblas albaceteñas..."el horror...el horror"...