La Ley de Murphy

La Ley de Murphy
Eloy M. Cebrián

lunes, 21 de abril de 2014

La culpa es de Dionisio


A los estudiantes se les ha hecho muy largo el segundo trimestre de este curso. Estamos en uno de esos años en los que las vacaciones de Semana Santa caen tarde. El curso pasado, sin ir más lejos, las vacaciones empezaron el 28 de marzo, dos semanas antes que este año. La Junta intenta compensar estos vaivenes anteponiendo o posponiendo las vacaciones a los días festivos de la Semana Santa, con lo que esto supone de trastorno para las familias, que pueden encontrarse a sus hijos de vacaciones escolares en una semana que para ellos es laborable. Este año las vacaciones guardan mayor sincronía con las festividades. Con todo, es imposible evitar que exista discrepancia entre los calendarios escolar y laboral, de modo que aquellas familias afortunadas en las que ambos progenitores trabajan seguirán teniendo que inventar fórmulas para tener atendidos a los niños mientras ellos van a ganarse el sustento, fórmulas que en muchos casos llevan el nombre de los abuelos.
Año tras año observamos resignados cómo la Semana Santa y las vacaciones escolares asociadas a ella saltan de forma caprichosa en el calendario, con el consiguiente trastorno para las familias. Para comprender el motivo de tan curioso proceder debemos remontarnos hasta el siglo VI, época en que un monje llamado Dionisio (al que apodaban «el Exiguo», sepa Dios por qué) ideó la fórmula de calcular la fecha del Domingo de Resurrección a partir del calendario astronómico (el primer domingo posterior a la primera luna llena que siga al equinoccio de primavera, nada menos). El problema es que esta fecha puede estar comprendida entre el 22 de marzo y el 25 de abril, es decir, con más de un mes de diferencia.
Por culpa de Dionisio el Exiguo y de sus malditos cálculos, los alumnos de los colegios y los institutos de este país completaron la segunda evaluación hace casi un mes (más tiempo, en el caso de los mayores). Después, en lugar del descanso vacacional, se han encontrado de sopetón con el tercer trimestre, con lo que pueden imaginar el rendimiento de los chicos durante estas semanas inmediatamente anteriores a las vacaciones. Como ven, no se trata únicamente de una dificultad para las familias, sino de un serio problema en la organización del curso académico. Y creo que no hace falta preguntarle a un pedagogo para comprender las dificultades que todo esto supone para estudiantes y profesores. Pero no queda ahí la cosa, porque al poco de regresar de las vacaciones de Semana Santa nos encontramos con el puente del 1 de mayo. La irracionalidad elevada al rango de calendario escolar. Claro que no sucede lo mismo en todas partes.
Los franceses aplican el principio pedagógico de que el rendimiento de los alumnos disminuye de forma drástica al cabo de cada 30-35 días lectivos. Por ello introducen unas vacaciones escolares de diez días en mitad de cada trimestre que nada tienen que ver con las fiestas religiosas (no sé si los padres de los escolares franceses se enfadan por ello, aunque todo es posible). En el Reino Unido se procede de un modo similar. Además, los festivos se vinculan siempre al fin de semana en lo que se llama bank holiday, que viene a ser lo mismo que nuestros puentes pero mejor organizado. En Italia, sin embargo, la Semana Santa baila en los calendarios igual que aquí, lo que se explica por la tradición católica que españoles e italianos compartimos.
Los hay que abogan por la instauración de un calendario laboral independiente de las fiestas religiosas, lo que me parece una utopía (por no decir una soberana estupidez). Al margen del número real de católicos practicantes, la Semana Santa es un hecho sociológico que no se puede ni se debe erradicar. No es posible darle la espalda a la Historia. Los franceses tuvieron su revolución y los ingleses un cisma en el siglo XVI, y ninguna de esas cosas ha ocurrido aquí. Además, la Semana Santa tiene una importancia capital, y no me refiero solamente a los devotos, los costaleros y los penitentes, sino a la totalidad del sector turístico. Lo que quizás no resulte tan descabellado es que la iglesia católica se plantee hacerle un favor a la sociedad civil, a los trabajadores con hijos y a los estudiantes, y «programar» el Domingo de Resurrección con independencia del equinoccio y las fases lunares, de tal forma que el segundo y tercer trimestre de cada curso tengan una duración semejante. Tal vez sea pedir mucho, toda vez que ello supondría cambios sustanciales en el calendario litúrgico (Cuaresma, Pentecostés, etc), pero creo que mucha gente lo agradecería, incluso más de un católico practicante. Y dudo que a Dionisio el Exiguo, a estas alturas, le diera por revolverse en su tumba.

Publicado en La Tribuna de Albacete el 18/4/2014

1 comentario:

miguel angel ortega dijo...

Estoy de acuerdo en algunas cosas y en desacuerdo con otras, pero lo más divertido es que propongas que la Iglesia cambie algo. Je, je