La Ley de Murphy

La Ley de Murphy
Eloy M. Cebrián

lunes, 18 de julio de 2016

Sanfermines


Qué suerte no vivir en Pamplona durante estos días de julio, cuando esa preciosa ciudad se convierte en una gigantesca letrina, tanto en sentido literal como figurado. Cuando se habla de Hemingway y su devoción por los Sanfermines, se tiende a olvidar que el afamado Nobel era también un consumado borracho. Voy a pasar por alto el asunto taurino, que ya ha dado demasiado que hablar últimamente, para centrarme en el dudoso encanto de unas fiestas que se han convertido en escaparate del exceso y del desenfreno, en reclamo para desaprensivos, en símbolo de lo peor que puede ofrecer este país a sus visitantes. Reconozco que con los años el cuerpo se me ha puesto poco festivo. El encantador pueblo donde busco sosiego en vacaciones se convierte para mí en territorio comanche a finales de agosto, durante las fiestas patronales, que llevo años perdiéndome sin el menor remordimiento. El año pasado incluso me perdí la Feria de Albacete, lo que me ayudó a empezar el curso con mejor ánimo (amén de unas finanzas más saneadas). Lo de Buñol y su Tomatina es lo más parecido al Inferno de Dante que existe en el mundo real. Lo que ocurre en Pamplona en San Fermín, sencillamente, no tiene nombre. Sin ánimo de pecar de polémico, estoy convencido de que esos cinco sevillanos detenidos por violación, incluyendo a un guardia civil, no sabían que eran violadores hasta que pusieron el pie en Pamplona y comenzaron a empinar el codo. En la cultura china se distinguen tres fases distintas en la ebriedad, cada una de ellas identificada con un animal diferente (el mono, el tigre y el cerdo). La borrachera salvaje y masiva despierta al cerdo o la cerda que llevamos dentro. Mejor dejarlo dormir que tener que entonar el «Pobre de mí».

Publicado en La Tribuna de Albacete el 15/8/2016

Nota: Hoy, 8/5/2017, la Fiscalía ha presentado su escrito sobre la investigación de este proceso. Si las cosas siguen así y todos estos hechos se prueban y confirman, tendré que modificar sustancialmente el contenido de este artículo, al llegar a la conclusión de que sí existen los auténticos hijos de puta, al margen de la juerga y el alcohol.

1 comentario:

nnnn dijo...
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