Publicado en La Tribuna de Albacete el 9/2/2018
sábado, 5 de mayo de 2018
Exorcismos
Cinco pasos
Existe
una teoría según la cual todos estamos conectados por un máximo de cinco pasos
con cualquier otra persona del planeta. Supongamos que José tiene un amigo cuyo
primo trabaja en una empresa de importación (dos pasos). Pues bien, el jefe de
este primo (tres pasos) viajó en cierta ocasión al África meridional por
motivos de trabajo. Allí coincidió con el cooperante de una ONG (cuatro pasos),
quien le contó que, en el curso de una expedición, se había topado con un grupo
de nómadas bosquimanos. Por la noche, al calor de la hoguera, el chamán de este
grupo le habló al cooperante de lo peligroso que es pronunciar el nombre del
león, ya que las moscas oyen lo que la gente dice y vuelan al encuentro del
león para contárselo. Mi amigo José y el chamán bosquimano estarían separados
por tan solo cinco pasos. Si no salimos del mundo occidental, seguramente no
habría que dar más de tres o cuatro saltos para establecer la relación. Dos
ejemplos: yo mismo puedo alardear de vínculos relativamente cercanos con dos
estrellas míticas del rock como Mark Knopfler y Elvis Presley. Hace treinta
años, durante una estancia en Inglaterra, hice amistad con un estudiante
llamado Graham. En su Newcastle natal, Graham había tenido como profesora de
matemáticas a Louisa Mary Knopfler, la madre del músico. Afirmaba que tenía los
mismos ojos y nariz que su hijo, y que le resultaba imposible ver un vídeo de
Dire Straits sin sentir un ataque de pánico. Por otro lado, tengo un amigo
norteamericano que en su juventud hizo sus pinitos en Hollywood. Allí consiguió
un pequeño papel en Estrella de fuego,
un western de 1960 cuyo protagonista (lo han adivinado) era el mismísimo Elvis
Presley. Parece que el azar reserva para cada uno de nosotros una modesta
ración de inmortalidad.
Publicado en La Tribuna de Albacete el 26/1/2018
Resignación
He
tenido un final de las Navidades bastante agitado, tanto que ni siquiera me ha
dado tiempo a formular mis propósitos de Año Nuevo. Ahora que las cosas se han
calmado un poco, me doy cuenta de que me he saltado ese rito de tránsito que
consiste en hacer inventario de todas las cosas que han ido mal y buscar
fórmulas para corregirlas. Eso me preocupa y me aturde, pues tengo la sensación
de que me he adentrado en un nuevo año sin cerrar el anterior, como una empresa
que termina un ejercicio y se salta los balances, las obligaciones fiscales y
el plan de mejora. Ayer aproveché un rato de tranquilidad para intentar hacer
los deberes. Desistí enseguida al comprobar que ya es demasiado tarde. La fecha
del 1 de enero posee una mística especial, tanto que hasta cuestiones como
«dejar de fumar», «perder peso» o «apuntarse a un gimnasio» parecen tener algún
significado. El 18 de enero, sin embargo, es un día como cualquier otro, una
hoja más en la rutina del calendario. La realidad ha recobrado su pulso y los
propósitos de empezar una vida nueva recuperan su condición de espejismos (por
no decir estupideces). Además, me di cuenta de que lo que los cambios que
considero imprescindibles no dependen tanto de mí como de otros. En concreto,
dependen de la desaparición de ciertas personas y circunstancias muy tenaces a
la hora de perseverar en su existencia. No existe un botón mágico con el poder
de borrarlos del mapa. Si existiera, cada persona tendría el suyo, con lo que
el planeta quedaría despoblado. Es preferible dejarse arrastrar por el río del
tiempo a tratar de nadar contra la corriente. Por lo menos, es mucho más
descansado.
Publicado en La Tribuna de Albacete el 19 de enero de 2018
Actualizaciones
Un
amigo de Facebook se quejaba hace poco de las actualizaciones a las que es
sometido periódicamente su teléfono móvil. Decía que cada vez que aparece en
pantalla el letrerito que amenaza con una actualización, se encomienda en manos
del Altísimo, pues uno nunca sabe si al final del proceso tendrá todavía un
teléfono inteligente o bien un cachivache lento y estúpido. «¿Soportará mi smartphone una nueva actualización?», se
preguntaba mi amigo. Exactamente igual ocurre con los ordenadores. Imaginen que
se compran un coche y que el fabricante se lo arrebata de vez en cuando para
irse a dar una vuelta con él. Esto ocurre de forma periódica, sin previo aviso
y durante un tiempo indeterminado, y no importa si usted necesita desesperadamente
el coche para ir al trabajo o para llevar a sus hijos al colegio. Este es el
proceder de Microsoft con su sistema operativo Windows, que habita en la
mayoría de los ordenadores de los humildes. Un buen día enciende su equipo y se
encuentra con la sorpresa de que el sistema debe instalar alguna misteriosa
actualización cuya utilidad desconoce por completo. Suele ocurrir cuando
necesitamos el ordenador con urgencia. Sin embargo, la instalación es
obligatoria, pues sin ella el aparato no funcionará. Se nos advierte que no se
nos ocurra apagar el equipo o tendremos que pagar las consecuencias. Y el
tiempo de esperar puede prolongarse durante horas, con resultados siempre
inciertos. A veces notamos una leve mejora, a veces no notamos nada. Otras
veces (demasiadas) el ordenador se ha vuelto un trasto desobediente y trastornado,
y hasta la operación más sencilla requiere grandes dosis de paciencia. Me
pregunto si no nos espiarán a través de la cámara para disfrutar de la cara de
idiotas que se nos queda. Nos quejamos de los políticos que nos desgobiernan,
pero el auténtico enemigo es Bill Gates. Somos sus rehenes. Asúmanlo.
Publicado en La Tribuna de Albacete el 12/1/2018
Pintadas
Formo
parte del claustro de profesores del IES Bachiller Sabuco. Lo proclamo con
orgullo y, si me lo permiten, con un punto de vanidad. Sus 175 años largos de historia
se me figuran a veces como un tapiz de vidas cruzadas. Observado de cerca, es
posible distinguir los nombres y los hechos individuales. Desde la distancia,
la imagen que obtenemos es la de la historia de la enseñanza media en nuestra
ciudad. Por desgracia, durante este último trimestre las cosas se han puesto
difíciles. Al comienzo de curso, la inspección educativa detectó
irregularidades en el horario del bachillerato nocturno y pidió que se
subsanaran. El revuelo fue considerable, pues el cambio afectaba a muchos alumnos
y profesores. Pero no es de eso de lo que quiero hablar. Durante este tiempo
han aparecido pintadas, tanto en la fachada de la Dirección Provincial de
Educación como en la sede de un partido político. Las más recientes contienen
insultos y amenazas contra la inspectora de Educación asignada nuestro centro.
Lo que empezó siendo una gamberrada se convierte ahora en acto de delincuencia.
Desde aquí, quiero expresar mi pesar y mi vergüenza por la actuación de esos
descerebrados. Deseo que los atrapen y que paguen las consecuencias de sus
actos. En el IES Bachiller Sabuco nos dedicamos a educar, y los pilares de la
educación son el civismo, el respeto y el juego limpio. Lo ocurrido supone una
mancha intolerable en la historia de nuestro centro. Esos cobardes piensan que
al perpetrar esas pintadas están insultando a una persona. En realidad, es la
comunidad educativa en su conjunto la que ha recibido el insulto. Sé que todos
mis compañeros y que casi todos los alumnos comparten este pensamiento. Ojalá
el nuevo año traiga consigo una buena dosis de tranquilidad, de racionalidad y
de sentido común. Bien sabe Dios que lo merecemos y lo necesitamos.
Publicado en La Tribuna de Albacete el 29/12/2018
El coleccionista de demonios
No
hay biografía tan curiosa como la del aristócrata inglés Lord Thomas Theodor
Merrilyn (1782-?). Fascinado desde la infancia por las ciencias ocultas y los
seres sobrenaturales, Merrilyn dedica su vida a recorrer el mundo en busca de
especímenes desconocidos por la ciencia. Su pista se pierde cuando el
coleccionista había cumplido los ochenta años, aunque las fotografías de la
época lo muestran como un hombre en torno a los cuarenta. Tras décadas de
silencio, reaparece en 1942, con más 170 años de edad y el mismo aspecto. En su
último acto público, dona su mansión de Londres a una organización de
beneficencia para que se instale en ella un hogar para huérfanos de guerra. Su
pista se esfuma a partir de ese momento. Pero su nombre vuelve a la palestra en
2006, cuando el gran caserón está a punto de ser demolido. En el sótano, tras
una puerta tapiada, aparece una cantidad enorme de cofres y cajas que contienen
la famosa colección criptozoológica. Una vez estudiados y clasificados, los más
de 5.000 ejemplares comienzan a exhibirse en el Merrilyn Cryptid Museum, en la
ciudad de Londres. Allí puede contemplarse desde el esqueleto de un dragón a un
ejemplar de licántropo disecado, pasando por hadas, vampiros, sirenas, duendes
y demonios, todos ellos en sus urnas y con las correspondientes explicaciones
para que el visitante sacie su curiosidad. Con todo, resulta difícil planificar
una visita al museo, pues su página web no ofrece la menor información sobre su
paradero, aunque sí abundante documentación gráfica sobre la truculenta
colección. Es más, si uno se molesta en investigar un poco más, pronto descubre
que Merrilyn jamás existió, y que sus especímenes son únicamente el fruto de la
imaginación de un artista. Qué pena.
Publicado en La Tribuna de Albacete el 22/12/2017
lunes, 18 de diciembre de 2017
Tabaco
Provengo de una larga estirpe de fumadores. Mi tío-abuelo Eliecer, que antes de la
guerra era párroco en Cartagena, fumaba como si la vida le fuera en ello. El sacerdote
pasó buena parte de la contienda escondido en la casa de su hermano, mi abuelo,
en la calle de la Feria. Me cuentan que, cuando la escasez hizo imposible la
adquisición de tabaco, le dio por fumarse las hojas de los geranios, inventando
así lo que bien podría denominarse «el porro de tiempos de guerra». Mi propio
abuelo Eloy era un fumador empedernido. Fumaba en pipa y fumaba cigarrillos a
destajo. Los albures de la genética hicieron que el vicio se saltara una
generación, pues ni mi padre ni mis tíos han fumado jamás. Este fracaso debió
de cabrear mucho al demonio del tabaco, de modo que se ensañó en mí. Y lo hizo
del modo más perverso posible. Yo debía de tener unos catorce o quince años y
andaba revolviendo cajones en la casa de mis abuelos. En uno de ellos encontré
una preciosa pipa curva con tapa de plata. En su boquilla estaba claramente
grabado el colmillo derecho de mi abuelo Eloy. También hallé un paquete de
Lucky Strike intacto que debía de tener al menos seis lustros de antigüedad. Le
mostré los hallazgos a mi tía Maruja, quien me dijo que podía guardarlos. Aquel
fue el principio del fin. Resultó que mi colmillo derecho encajaba
perfectamente en la muesca que había dejado el de mi difunto abuelo. En cuanto
a los «luckies», despedían un tufo rancio y sabían a paja seca, pero lograron
despertar en mí los lazos de la sangre. Hoy, cuarenta años después, me debato
con el vicio en largos periodos de abstinencia que se alternan con furiosas
recaídas. Tendemos a considerarnos hijos del azar. Sin embargo, a veces es
posible encontrar ciertas señales, trazas de un plan que gobierna nuestras
vidas.
Publicado en La Tribuna de Albacete el 15/12/2017
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