La Ley de Murphy

La Ley de Murphy
Eloy M. Cebrián

sábado, 5 de mayo de 2018

Exorcismos


 Gracias a cierto periódico digital he sabido que en nuestra humilde y soñolienta diócesis también se practican exorcismos, tal vez no tan espectaculares como los de Hollywood, pero exorcismos al fin y al cabo (con el maligno no caben medias tintas). Según afirmaba el sacerdote entrevistado sobre tan peliagudo asunto, hay personas que acuden a él convencidas de tener un demonio dentro, aunque en la mayoría de los casos se trata de trastornos mentales que responden mejor a las antipsicóticos que a los hisopos. Con todo, parece que hay una serie de signos que delatan la infestación diabólica de forma concluyente, como la capacidad de girar la cabeza 360 grados, el hecho de levitar sobre la cama con los brazos en cruz, el uso constante de las palabras malsonantes y los vómitos explosivos, sobre todo si la materia arrojada es de color verde. Repaso la lista de señales y se me ocurre que con este asunto conviene andarse con pies de plomo, pues yo mismo sufrí alguno de esos síntomas en mi alborotada juventud tras una noche de desenfreno levantino. Pero existe un signo inconfundible que no puede ignorarse, y me refiero a la capacidad repentina de hablar lenguas extranjeras que nunca se han estudiado. No basta con que el presunto poseído se exprese en una jerga incomprensible, lo que puede obedecer a una simple resaca o a un intento de emular a Mariano Rajoy, sino a levantarse una mañana hablando por los codos en latín, en arameo o en hebreo antiguo, que son las lenguas favoritas del maligno, tan clásico y cosmopolita él. Una cuestión muy distinta sería que un alumno de secundaria de los programas bilingües comenzara a expresarse en perfecto inglés. Eso, más que un signo de posesión diabólica, sería un auténtico milagro.

Publicado en La Tribuna de Albacete el 9/2/2018

Cinco pasos


Existe una teoría según la cual todos estamos conectados por un máximo de cinco pasos con cualquier otra persona del planeta. Supongamos que José tiene un amigo cuyo primo trabaja en una empresa de importación (dos pasos). Pues bien, el jefe de este primo (tres pasos) viajó en cierta ocasión al África meridional por motivos de trabajo. Allí coincidió con el cooperante de una ONG (cuatro pasos), quien le contó que, en el curso de una expedición, se había topado con un grupo de nómadas bosquimanos. Por la noche, al calor de la hoguera, el chamán de este grupo le habló al cooperante de lo peligroso que es pronunciar el nombre del león, ya que las moscas oyen lo que la gente dice y vuelan al encuentro del león para contárselo. Mi amigo José y el chamán bosquimano estarían separados por tan solo cinco pasos. Si no salimos del mundo occidental, seguramente no habría que dar más de tres o cuatro saltos para establecer la relación. Dos ejemplos: yo mismo puedo alardear de vínculos relativamente cercanos con dos estrellas míticas del rock como Mark Knopfler y Elvis Presley. Hace treinta años, durante una estancia en Inglaterra, hice amistad con un estudiante llamado Graham. En su Newcastle natal, Graham había tenido como profesora de matemáticas a Louisa Mary Knopfler, la madre del músico. Afirmaba que tenía los mismos ojos y nariz que su hijo, y que le resultaba imposible ver un vídeo de Dire Straits sin sentir un ataque de pánico. Por otro lado, tengo un amigo norteamericano que en su juventud hizo sus pinitos en Hollywood. Allí consiguió un pequeño papel en Estrella de fuego, un western de 1960 cuyo protagonista (lo han adivinado) era el mismísimo Elvis Presley. Parece que el azar reserva para cada uno de nosotros una modesta ración de inmortalidad.

Publicado en La Tribuna de Albacete el 26/1/2018

Resignación

He tenido un final de las Navidades bastante agitado, tanto que ni siquiera me ha dado tiempo a formular mis propósitos de Año Nuevo. Ahora que las cosas se han calmado un poco, me doy cuenta de que me he saltado ese rito de tránsito que consiste en hacer inventario de todas las cosas que han ido mal y buscar fórmulas para corregirlas. Eso me preocupa y me aturde, pues tengo la sensación de que me he adentrado en un nuevo año sin cerrar el anterior, como una empresa que termina un ejercicio y se salta los balances, las obligaciones fiscales y el plan de mejora. Ayer aproveché un rato de tranquilidad para intentar hacer los deberes. Desistí enseguida al comprobar que ya es demasiado tarde. La fecha del 1 de enero posee una mística especial, tanto que hasta cuestiones como «dejar de fumar», «perder peso» o «apuntarse a un gimnasio» parecen tener algún significado. El 18 de enero, sin embargo, es un día como cualquier otro, una hoja más en la rutina del calendario. La realidad ha recobrado su pulso y los propósitos de empezar una vida nueva recuperan su condición de espejismos (por no decir estupideces). Además, me di cuenta de que lo que los cambios que considero imprescindibles no dependen tanto de mí como de otros. En concreto, dependen de la desaparición de ciertas personas y circunstancias muy tenaces a la hora de perseverar en su existencia. No existe un botón mágico con el poder de borrarlos del mapa. Si existiera, cada persona tendría el suyo, con lo que el planeta quedaría despoblado. Es preferible dejarse arrastrar por el río del tiempo a tratar de nadar contra la corriente. Por lo menos, es mucho más descansado.

Publicado en La Tribuna de Albacete el 19 de enero de 2018

Actualizaciones


Un amigo de Facebook se quejaba hace poco de las actualizaciones a las que es sometido periódicamente su teléfono móvil. Decía que cada vez que aparece en pantalla el letrerito que amenaza con una actualización, se encomienda en manos del Altísimo, pues uno nunca sabe si al final del proceso tendrá todavía un teléfono inteligente o bien un cachivache lento y estúpido. «¿Soportará mi smartphone una nueva actualización?», se preguntaba mi amigo. Exactamente igual ocurre con los ordenadores. Imaginen que se compran un coche y que el fabricante se lo arrebata de vez en cuando para irse a dar una vuelta con él. Esto ocurre de forma periódica, sin previo aviso y durante un tiempo indeterminado, y no importa si usted necesita desesperadamente el coche para ir al trabajo o para llevar a sus hijos al colegio. Este es el proceder de Microsoft con su sistema operativo Windows, que habita en la mayoría de los ordenadores de los humildes. Un buen día enciende su equipo y se encuentra con la sorpresa de que el sistema debe instalar alguna misteriosa actualización cuya utilidad desconoce por completo. Suele ocurrir cuando necesitamos el ordenador con urgencia. Sin embargo, la instalación es obligatoria, pues sin ella el aparato no funcionará. Se nos advierte que no se nos ocurra apagar el equipo o tendremos que pagar las consecuencias. Y el tiempo de esperar puede prolongarse durante horas, con resultados siempre inciertos. A veces notamos una leve mejora, a veces no notamos nada. Otras veces (demasiadas) el ordenador se ha vuelto un trasto desobediente y trastornado, y hasta la operación más sencilla requiere grandes dosis de paciencia. Me pregunto si no nos espiarán a través de la cámara para disfrutar de la cara de idiotas que se nos queda. Nos quejamos de los políticos que nos desgobiernan, pero el auténtico enemigo es Bill Gates. Somos sus rehenes. Asúmanlo.

Publicado en La Tribuna de Albacete el 12/1/2018

Pintadas


Formo parte del claustro de profesores del IES Bachiller Sabuco. Lo proclamo con orgullo y, si me lo permiten, con un punto de vanidad. Sus 175 años largos de historia se me figuran a veces como un tapiz de vidas cruzadas. Observado de cerca, es posible distinguir los nombres y los hechos individuales. Desde la distancia, la imagen que obtenemos es la de la historia de la enseñanza media en nuestra ciudad. Por desgracia, durante este último trimestre las cosas se han puesto difíciles. Al comienzo de curso, la inspección educativa detectó irregularidades en el horario del bachillerato nocturno y pidió que se subsanaran. El revuelo fue considerable, pues el cambio afectaba a muchos alumnos y profesores. Pero no es de eso de lo que quiero hablar. Durante este tiempo han aparecido pintadas, tanto en la fachada de la Dirección Provincial de Educación como en la sede de un partido político. Las más recientes contienen insultos y amenazas contra la inspectora de Educación asignada nuestro centro. Lo que empezó siendo una gamberrada se convierte ahora en acto de delincuencia. Desde aquí, quiero expresar mi pesar y mi vergüenza por la actuación de esos descerebrados. Deseo que los atrapen y que paguen las consecuencias de sus actos. En el IES Bachiller Sabuco nos dedicamos a educar, y los pilares de la educación son el civismo, el respeto y el juego limpio. Lo ocurrido supone una mancha intolerable en la historia de nuestro centro. Esos cobardes piensan que al perpetrar esas pintadas están insultando a una persona. En realidad, es la comunidad educativa en su conjunto la que ha recibido el insulto. Sé que todos mis compañeros y que casi todos los alumnos comparten este pensamiento. Ojalá el nuevo año traiga consigo una buena dosis de tranquilidad, de racionalidad y de sentido común. Bien sabe Dios que lo merecemos y lo necesitamos.

Publicado en La Tribuna de Albacete el 29/12/2018

El coleccionista de demonios


No hay biografía tan curiosa como la del aristócrata inglés Lord Thomas Theodor Merrilyn (1782-?). Fascinado desde la infancia por las ciencias ocultas y los seres sobrenaturales, Merrilyn dedica su vida a recorrer el mundo en busca de especímenes desconocidos por la ciencia. Su pista se pierde cuando el coleccionista había cumplido los ochenta años, aunque las fotografías de la época lo muestran como un hombre en torno a los cuarenta. Tras décadas de silencio, reaparece en 1942, con más 170 años de edad y el mismo aspecto. En su último acto público, dona su mansión de Londres a una organización de beneficencia para que se instale en ella un hogar para huérfanos de guerra. Su pista se esfuma a partir de ese momento. Pero su nombre vuelve a la palestra en 2006, cuando el gran caserón está a punto de ser demolido. En el sótano, tras una puerta tapiada, aparece una cantidad enorme de cofres y cajas que contienen la famosa colección criptozoológica. Una vez estudiados y clasificados, los más de 5.000 ejemplares comienzan a exhibirse en el Merrilyn Cryptid Museum, en la ciudad de Londres. Allí puede contemplarse desde el esqueleto de un dragón a un ejemplar de licántropo disecado, pasando por hadas, vampiros, sirenas, duendes y demonios, todos ellos en sus urnas y con las correspondientes explicaciones para que el visitante sacie su curiosidad. Con todo, resulta difícil planificar una visita al museo, pues su página web no ofrece la menor información sobre su paradero, aunque sí abundante documentación gráfica sobre la truculenta colección. Es más, si uno se molesta en investigar un poco más, pronto descubre que Merrilyn jamás existió, y que sus especímenes son únicamente el fruto de la imaginación de un artista. Qué pena.

Publicado en La Tribuna de Albacete el 22/12/2017

lunes, 18 de diciembre de 2017

Tabaco


Provengo de una larga estirpe de fumadores. Mi tío-abuelo Eliecer, que antes de la guerra era párroco en Cartagena, fumaba como si la vida le fuera en ello. El sacerdote pasó buena parte de la contienda escondido en la casa de su hermano, mi abuelo, en la calle de la Feria. Me cuentan que, cuando la escasez hizo imposible la adquisición de tabaco, le dio por fumarse las hojas de los geranios, inventando así lo que bien podría denominarse «el porro de tiempos de guerra». Mi propio abuelo Eloy era un fumador empedernido. Fumaba en pipa y fumaba cigarrillos a destajo. Los albures de la genética hicieron que el vicio se saltara una generación, pues ni mi padre ni mis tíos han fumado jamás. Este fracaso debió de cabrear mucho al demonio del tabaco, de modo que se ensañó en mí. Y lo hizo del modo más perverso posible. Yo debía de tener unos catorce o quince años y andaba revolviendo cajones en la casa de mis abuelos. En uno de ellos encontré una preciosa pipa curva con tapa de plata. En su boquilla estaba claramente grabado el colmillo derecho de mi abuelo Eloy. También hallé un paquete de Lucky Strike intacto que debía de tener al menos seis lustros de antigüedad. Le mostré los hallazgos a mi tía Maruja, quien me dijo que podía guardarlos. Aquel fue el principio del fin. Resultó que mi colmillo derecho encajaba perfectamente en la muesca que había dejado el de mi difunto abuelo. En cuanto a los «luckies», despedían un tufo rancio y sabían a paja seca, pero lograron despertar en mí los lazos de la sangre. Hoy, cuarenta años después, me debato con el vicio en largos periodos de abstinencia que se alternan con furiosas recaídas. Tendemos a considerarnos hijos del azar. Sin embargo, a veces es posible encontrar ciertas señales, trazas de un plan que gobierna nuestras vidas.

Publicado en La Tribuna de Albacete el 15/12/2017